No recuerdo bien en qué concierto me abordaron los dos Carlos, el cantante y el batería de las bandas
Bashfeel y
Buzo. Me comunicaron que tenían intención de hacer un concierto homenaje a El Club de Amigos de Crimen, y que habían pensado que podía pinchar yo esa noche la música de mi programa. Acepté gustoso la oferta, encantado aunque en cierta medida desbordado. Se tiende a creer que esto de los homenajes es cosa de muertos o de grandes personalidades y no sabía bien en qué categoría encuadrarme. Aun así acepté; ya tendría tiempo después para ubicarme.
En lugar de ello, sin embargo, dediqué todas mis cavilaciones a otra idea a la que
EfeJim (otrora miembro en activo del
Colectivo Gafotas) y yo le habíamos estado dando vueltas durante mucho tiempo: la elaboración de unos premios con los que llamar la atención sobre la excelencia musical de los grupos de nuestra ciudad. La tantas veces aplazada idea de montar un sarao de esas características, había topado siempre con el mismo inconveniente: se imponía la necesidad de hacer una ceremonia de entrega de los premios, y, por tanto de reservar una sala y contar con la actuación de dos bandas amigas del programa… ¡Joder! ¡Si lo teníamos ya todo!
O casi: faltaba un detalle sin importancia: los premios… Tenía muy poco tiempo por delante, de
modo que me puse en contacto con el departamento artístico que tantas veces nos ha sacado del atolladero:
Forraos Creaciones. Les expuse nuestra —siempre— penúltima locura y accedieron a confeccionar las diez estatuillas que queríamos entregar la noche de la ceremonia. Fue entonces cuando decidí que diez era un buen número; por mí hubiera dado más premios, pero Forraos Creaciones iban a cobrar en cromos del
Coyote, de
modo que entre el favor personal y el abuso desmedido, creí que diez estatuillas se ubicaban en el justo medio, más cerca siempre, claro, del abuso. Pero tenía el visto bueno; ya no había vuelta atrás. Así se decidió el número de premios: quedaba la nada grata faena de reducir todo a diez categorías…
Pero claro, aquí no acababa todo; de hecho no había hecho más que empezar. El siguiente paso era solucionar el tema de la elección de los ganadores. Uf. ¿Debíamos dictar sentencia encastillados en nuestra posición de semidioses con licencia para humillar a quien, sencillamente nos cae mal y encumbrar a quien despierta nuestra simpatía? ¿Debíamos, por el contrario, delegar esa responsabilidad en el pueblo llano y hacer una encuesta popular pidiendo la opinión de los oyentes del programa y los visitantes de nuestra página web? No quedaban muchas más opciones… Opté por lo fácil: soy —sigo siendo— un triste operador informático metido a locutor de moda, y no me veía —ni me veo— con autoridad para darle un premio a toda una trayectoria a una banda ni sentenciando cual es el mejor disco de cuantos han pasado por
El Club de Amigos del Crimen. Delegué por tanto la responsabilidad en los visitantes de nuestro My Space y dando unas breves indicaciones de cómo hacerlo —que la inmensa mayoría de votantes se saltó a la torera…— di unos cuantos nombres y puse nombre a las 10 categorías que entendía deberían ser premiadas. Más tarde comprobaría que había flagrantes olvidos: no incluí a la prensa escrita en los
Premios Criminales. Y mucho más tarde comprobaría que había hecho bien al no incluirla: ningún medio escrito hizo el más mínimo caso a la convocatoria: a día de hoy aún no se de nadie que dedicara más de 4 ó 5 palabras al evento (cuenten ustedes mismos: revista
Beat Valencia nº 17 “Entrega premios criminales 2008″). La más amplia cobertura informativa vino de parte del periódico
El Levante EMV que añadió al texto el literal que se entrecomilla: “Fiesta de”. Vaya por delante nuestra gratitud por el despliegue informativo. No ser un programa de radio recomendado por el
“Mondo Sonoro” es algo que siempre nos llenó de orgullo, pero tiene estas cosas. Por cierto, antes quitaron la sección que llegó a aparecer nuestro nombre en ese Olimpo, y eso que en las últimas ediciones había programas recomendados que… ¡ya ni siquiera se emitían! De sudor frío, oiga. Pero esa es otra canción.
Sigo. Medio en broma, medio en serio, colgué en un blog de MySpace las instrucciones de uso y di por inaugurado el plazo para las votaciones. Cuál fue mi sorpresa al ver que el número de correos y comentarios al blog se iba incrementando día a día. La respuesta fue masiva e inesperada. Llegaba de todo, oiga. Desde votos completos y razonados para todas y cada una de las categorías, a nombres sueltos, como dejados caer; caras (remitentes, vaya) conocidas y otras que no lo eran tanto; vecinos de Valencia y del resto de la península… Una locura, lo que yo les diga.
El día de la ceremonia se nos echaba encima y había que poner una fecha tope para el recuento de los votos. En algunas categorías, el grupo o artista más votado sacaba muchas cabezas al segundo clasificado, pero en otras, el primer y segundo puesto se iban alternando casi a diario. Y ahí me asaltó la enésima duda: ¿debía decir los ganadores antes de la ceremonia o hacerlo al más puro estilo Hollywoodiense? Desde luego que la segunda opción era la más emocionante, manteniendo la intriga hasta el final. Pero, ¿qué quieren que les diga? No me veía yo llamando a las bandas, preguntándoles si iban a acudir al evento porque… a lo mejor les caía un premio… Los
[i]Oscars [/i]de Hollywood son una cosa y los
Premios Criminales de
El Club de Amigos del Crimen, otra, no perdamos eso de vista. De
modo que decidí un par de días antes contabilizar el último voto, hacer los números y confeccionar el palmarés. Raúl Tamarit me llamó para que habláramos en su programa de los premios y lo vi claro. Iba a ser él quien diera el resultado de las votaciones en primicia mundial. El jueves 8 de enero de 2009, a las 19 horas (aporx.) y en el programa La Sustancia Verde de Radio Mislata se dieron a conocer los ganadores de los Diez Premios Criminales 2008.
Pero quedaba la prueba de fuego: la ceremonia. Esto los grupos lo saben bien: no hay nada más triste que tocar para los dos o tres incondicionales, las novias y las camareras. Al menos me quedaba el consuelo de que todos los galardonados iban a acudir a recoger el premio; así me lo habían confirmado cuando, uno a uno, los llamé para darles la enhorabuena. Recuerdo con especial cariño el caso de
Polock: cuando llamé a
Papu para decirle que la maqueta de su grupo había sido elegida como la mejor de 2008, me contestó… ¡desde Bilbao! Habían quedado finalistas en el concurso
Fever Myspace, y esa misma noche se decidía el ganador. Pues dieron su concierto, ganaron el concurso y cruzándose la península llegaron a tiempo para recoger su estatuilla. ¡Qué grandes! Pero no adelantemos acontecimientos.
Cuando se abrieron al público las puertas de la
Sala Matisse , quien esto firma estaba subido a esa atalaya que es la cabina del pinchadiscos. Desde ella mi visión era completa, pero me impedía bajar a saludar a todo el mundo. Desde allí vi entrar a la
familia Divago, a nuestros amigos y compañeros del
Manises Ceramic Festival, al Pequeño Cabaret Ambulante formado por los miembros de
Jackson Milicia (algunos de ellos casi a la vista…), a compañeros de las ondas radiofónicas, a músicos de bandas que no optaban a ningún premio e incluso de otras que sí optando no habían resultado vencedoras … Citaría a todos a quienes tuve el enorme placer de reconocer, pero me vería ob
ligado a citar también a quienes me decepcionó (profundamente) no ver, con lo que cierro con lo dicho este capítulo.
Los primeros en saltar al escenario fueron
Buzo, en cuya actuación predominaron las canciones de su último disco
“La Transición”, un trabajo virtual que puede descargarse de forma libre y gratuita por internet. Teníamos pensado hacer la entrega de los premios entre grupo y grupo (no hay que olvidar que
El Club de Amigos del Crimen éramos unos invitados a la fiesta; no queríamos acaparar todo el protagonismo de una noche que era de las bandas y en la que nosotros nos habíamos colado…), sin embargo, el favor era mutuo –por
motivos que no viene al caso explicar—si dejábamos la entrega de premios para el final, nos explicaron, y así hicimos. Subieron
Bashfeel a desplegar su repertorio, basado también en los temas de su último disco
“The main ingredient”, y llegó, después, la hora de la verdad.
Ya todo el mundo sabía quién era el ganador en cada una de las modalidades, por lo que sorpresas no hubo ninguna. Pero creo hablar por boca de todos, si digo que no por ello la ceremonia perdió un solo ápice de emoción. Todos los premios resultaron entrañables y quien esto firma se sintió enormemente halagado al poderlos entregar: el doblete de la noche protagonizado por los dos veces galardonados
Vinilo Valencia, la arrolladora presencia de
Jackson Milicia en el escenario, el doble premio de los
Polock (el Criminal y el que se traían de Bilbao)… Pero, y aquí no quiero ponerme pasteloso ni grandilocuente, aunque sí un poco solemne y hasta serio: el momento mágico de la noche y que yo, como maestro de ceremonias, dejé para el final, fue la entrega del premio a toda una trayectoria que recogió
Manolo Bertrán en nombre del
Doctor Divago. Por dos
motivos principalmente.
Uno, porque quien resultó realmente premiado fue
El Club de Amigos del Crimen al ser el medio (dios mío, que sonrojo me produce esto) que, ante el silencio de todos los demás (con la muy loable excepción de la revista
EfeEme), condecoraba, premiaba, llamaba la atención sobre el incalculable esfuerzo que supone mantener un proyecto vivo, y a ese nivel de excelencia, por parte de una banda aún en activo. No se premiaba su último disco (que optaba también a tal galardón, al haber sido publicado durante 2008), se premiaban sus 20 años de carrera.
Y dos porque, gracias a (o por culpa de…) este premio, pudo verse, juntas en la misma arena, a dos facciones opuestas y bien diferenciadas de la escena valenciana que, pese a serlo, en lugar de atraerse, se repelen. Se ha hecho muy mal el relevo generacional en Valencia, opino. Cuesta mucho ver a la vieja guardia en conciertos de bandas de última hornada, bandas que tienen más público en Rusia que en Valencia, que están ganando premios y prestigio de cruces para fuera y aquí seguimos mirándolos con recelo… Y al revés, las bandas emergentes no conocen a quienes abrieron los caminos que hoy les permiten a ellos poder seguir tocando en esta ciudad. Alguien dijo que el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla. Ni esa amenaza nos vale: para olvidar algo, primero hay que conocerlo.
Sea como fuere, la Ceremonia de entrega de los
Premios Criminales 2008 acabó siendo lo que pretendía: una fiesta, una reunión de amigos, una excusa como otra cualquiera para llamar la atención del respetable y clamar a los cuatro vientos que en Valencia se hacen muchas cosas y muy bien hechas. Quedan todos ustedes emplazados a la entrega de los
Premios Criminales 2009 en la que, desde luego, ya estamos trabajando.
¡Salud!
Fdo.